En el complejo tránsito de la organización comunal en el páis, diversos proyectos monetarios se han intentado para enfrentar la guerra. (Foto: Simone Dalmasso)

De la Toparquía a la Comuna: Vigencia del método robinsoniano (y II)

La intención política y la transición

La Revolución Bolivariana se abrió paso en la sociedad venezolana desde una declaración refrendada por vía del voto popular en 1999: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”, reza el Artículo 2 de la Constitución que refunda a la República y que la define como “bolivariana”.[1] Esta declaración inicia una “transición” para proponer en el terreno de lo concreto estos conceptos elementales del contrato social constitucional.

Para el presidente Hugo Chávez, el largo tránsito del dicho al hecho implicaba el desarrollo de una importante y compleja remodelación del país. Las bases jurídicas, pero también las bases materiales y existenciales de Venezuela debían cambiar para alcanzar un estadio de sociedad más plural, más democrático, más responsable, más justo y más libre. En 2006 fue aprobada la primera ley de Consejos Comunales, una primera experiencia que dio cuerpo jurídico, a modo de prototipo, a los vínculos naturales que la organización popular venía desarrollando con las instituciones del Estado venezolano en un proceso de redimensionamiento y apertura de estas a los frentes de gestión social, por orden y acción del Ejecutivo Nacional. Aquella experiencia legislativa, que hoy consideramos incipiente, intentaba darle cualidad de estructura y organización a las formas anteriores de asociación, desde las Asociaciones de Vecinos hasta las organizaciones no formales cimentadas en la vida comunitaria, la tradición, las necesidades sentidas, las demandas poblacionales, la cultura y la ideología.

La idea de los Consejos Comunales fue profundamente inclusiva desde sus inicios: todo integrante de una comunidad es parte del Consejo Comunal, pero también hay entre ellos quienes asumen el rol activo de conformar alguno de los órganos o comisiones de la organización. Al mismo tiempo, el Consejo Comunal agrupa a todas las organizaciones en el territorio delimitado de la comunidad, que es el ámbito de acción de ese Consejo y, con ello, también conjuga sus aspiraciones y acciones por el bien común. La declaración política de estas instancias nucleares de la organización social era un principio y una consigna, ejercer, léase bien esa palabra, la democracia participativa y protagónica. El concepto desplazó la creencia practicada de la democracia representativa, anterior al chavismo, activa solo a través del voto, pasiva en los demás aspectos de la vida de la comunidad y del país. Aquel esquema era por defecto un ejercicio de la política delegada, aupada desde las bases materiales y subjetivas del neoliberalismo, la atomización y el individualismo, propia del país varias veces avasallado y mutilado que, en gran medida, estaba impedido para el auto-reconocimiento y el encuentro. Chávez proponía a cambio, acudir al ejercicio de un poder logrado por el pueblo de manera concreta a través de la Constitución, pero también por ser, por vía de derecho, depositario del poder constituyente.[2] La propuesta era ejercer la democracia participativa y protagónica, cuestión para la cual era obligación de los llamados “poderes constituidos” crear los mecanismos para hacerla posible.

La construcción sobre la base de la experimentación (inventar)

La propuesta chavista para la organización de la aspiración popular encontró un conjunto de componentes primarios en las comunidades, las relaciones familiares, de vecinazgo, de localidad y, también con ellas, las demandas poblacionales que eran asociaciones formales e informales en pro de requerimientos específicos. También confluían las Asociaciones de Vecinos, que a su vez dependían de las estructuras de Parroquia (formuladas como denominación político-administrativa desde la herencia colonial y la religión católica). Las Asociaciones de Vecinos eran instancias altamente clientelares del ciclo político precedente al chavismo, tenían rasgos abiertamente partidizados en la tradición adeco-copeyana. También tenían convergencia en las comunidades, grupos de interés ideológico, gremial, sindical, e igualmente instancias religiosas, grupos juveniles y otros, que existían acorde a los procesos de maduración en la solidaridad y la asociación de cada espacio y sus realidades socioterritoriales. Todos estos factores primarios formaban una trama de solidaridades locales. De ahí que amalgamarlos en una estructura homologada tendría que abrir paso a un proceso de experimentación que fue inédito en la historia del país.[3]

Planificación y organización de consejos comunales en Venezuela . (Foto: Archivo)

Los primeros empujes en la aplicación de la Ley de Consejos Comunales de 2006 permitieron el desarrollo de nuevos derroteros en la búsqueda de fórmulas para avanzar, vinculando los espacios locales comunitarios con las instancias del poder nacional mediante modalidades de dilución parcial del poder constituido en favor del poder constituyente o emergente. Adicionalmente, la maduración de la propuesta chavista en su interpretación de socialismo encontró en la aceleración de estas formas de poder protagónico la vía política para construir nuevas bases materiales y existenciales en la vida nacional, desde las comunidades como núcleos y espacios vitales de la política.

Por ello, en diciembre de 2010 emerge promulgada la Ley Orgánica del Poder Popular.[4] Esta Ley tuvo por objeto desarrollar y consolidar este poder “para que los ciudadanos y ciudadanas puedan ejercer su pleno derecho a la soberanía, la democracia participativa, protagónica y corresponsable, así como a la conformación de formas de autogobierno comunitario para el ejercicio del poder” (Artículo 1). La norma establece que es aplicable a todas las organizaciones, expresiones y ámbitos del poder popular, ejercidas directa o indirectamente por las personas, comunidades, sectores sociales, la sociedad en general y las situaciones que afecten el interés colectivo. El instrumento legal se redactó con los objetivos de impulsar el fortalecimiento de la organización del pueblo, generar condiciones para garantizar que la iniciativa popular asuma funciones, fortalecer la cultura, promover valores y principios de la ética socialista y seguidamente coadyuvar con las políticas del Estado o el desarrollo de la gestión pública en el territorio.

En diciembre de 2010, el Parlamento venezolano también proclamó cuatro instrumentos legales complementarios al Poder Popular:  la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular, la Ley Orgánica de las Comunas, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal y la Ley de Contraloría Social. La Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular[5] fue aprobada con el objeto desarrollar y fortalecer el Poder Popular mediante el fortalecimiento de los principios y normas que sobre la planificación rigen a las ramas del Poder Público y las instancias del Poder Popular, según establece la norma, dixit. Proponía el entramado de planificación ascendente desde las bases del país como sustento de los grandes planes nacionales. Por su parte, la Ley Orgánica de las Comunas[6] estableció nuevas figuras como el Banco de las Comunas y la Carta de la Comuna, esta última contiene las normas de convivencia, la visión del buen vivir y cómo el colectivo puede diseñar el modelo de vida que quiere desarrollar. Las Comunas eran consideradas en esta Ley como espacios político-territoriales sostenidos sobre las afinidades, físicas, culturales, económicas y políticas. Son por decreto un espacio idóneo para la mancomunidad de Consejos Comunales, espacio natural para empresas basadas en las nuevas relaciones de propiedad.

Asimismo, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal[7] que en su promoción y redacción fue considerada como la base fundamental para la conformación de un sistema de “relaciones de producción en el marco del modelo económico socialista” que privilegia la visión colectiva y la organización comunal para promover nuevas relaciones de producción, distribución y consumo de bienes y servicios en las economías locales. Por último, la Ley Orgánica de Contraloría Social[8] que propuso las normas, mecanismos y condiciones para la “promoción, desarrollo y consolidación de la contraloría social como medio de participación y de corresponsabilidad de los ciudadanos mediante el ejercicio compartido entre el Poder Público y el Poder Popular”.

Este proceso de experimentación estaba sujeto a las realidades objetivas y subjetivas propias del modelo de organización económica, política y social de la Venezuela capitalista y rentista. Es decir, la persistencia de las prácticas representativas, clientelares e institucionales, que por discrecionalidad política o por falta de compromiso para el desarrollo de las formas de organización popular generaron trabas y obstáculos para el desarrollo y ejecución de estas leyes en el terreno. Solo en el ámbito administrativo y en de la planificación social la Ley Orgánica del Poder Popular encontró un conjunto de espacios vacíos, sujetos a nulidad por vía de los hechos o por su inaplicación. Por ejemplo, que la norma máxima de aquella Ley se centra en la Planificación Pública y Comunal, que implica conjugar la planificación del sector público con la del Poder Popular, a través del Sistema Nacional de Planificación Pública y Popular, en el cual están el Consejo Federal de Gobierno, los Consejos Estadales de Coordinación de Políticas Públicas y los Consejos Locales de Planificación Pública. Allí se incluyen dos nuevas figuras: el Consejo de Planificación Comunal y el Consejo Comunal como integrante de ese sistema nacional.

No obstante, valdría considerar que en el proceso de adecuación de las formas germinales de organización alternas al poder constituido y la construcción de sus estructuras en instancias superiores, simplemente no ha prosperado acorde a lo dicho en esta Ley y las realidades en el avance de lo real, en el terreno, son parte de toda esta trama de inaplicación. Gran parte de estas instancias ni siquiera existen en el hecho. Podríamos señalar, como parte de una explicación a estos evidentes escollos, que para darle vida a estas instancias las estructuras del poder constituido simplemente no cedieron, por incongruencias políticas de los actores políticos, funcionarios y regentes de los poderes públicos. Podríamos agregar también, la propia naturaleza de los Estados burgueses, que inhibe las formas de ruptura en sus denominaciones de poder, mutando y amalgamándose en la reedición de las viejas prácticas para no sucumbir al cambio de protagonismos. También podríamos agregar, que el propio pragmatismo político del chavismo y las instancias de riesgo y amenaza política permanente, por pérdida de votos y cargos, por pérdida de espacios, por desestabilización, por amenazas permanentes al Estado nacional, atrincheraron a la dirigencia chavista en las instituciones tradicionales por ser ellas consideradas idóneas para la gestión en un estado de alerta y contingencia política, económica y social permanente. Podríamos sumar como parte de estas explicaciones, la falta de maduración en comunidades, la ausencia de una coherente politización para la construcción de poder real y con ello, el ejercicio eficaz de estas leyes en sus ámbitos posibles con el saldo de no concretar las Comunas, relaciones económicas y relaciones socioculturales que por fuerzas naturales de la política sometan parcialmente a instancias del Estado al apego y al cumplimiento. Ninguna de estas explicaciones o probabilidades es absoluta y ninguna se excluye entre sí. A todas,  de alguna manera, debemos considerarlas ciertas en menores y mayores grados. El tiempo político desde la promulgación de las Leyes del Poder Popular, así denominadas, desde finales de 2010 hasta inicios de 2021, también está signado por las particularidades en las relaciones políticas y materiales del país.

Palacio Federal Legislativo en Caracas, epicentro de la disputa política en los últimos años en Venezuela. (Foto: Medios )

Venezuela, desde la desaparición física del Presidente Hugo Chávez en 2013, no ha gozado de un ciclo prolongado de estabilidad. Son los tiempos de excepcionalidad política y económica más formidables que se han registrado en la historia republicana, por sobrevenir sobre el país las amenazas más tremendas en formas de germinación de conatos de guerra civil, asedio militar extranjero, bloqueo político y un profundo bloqueo económico contra la nación.

El factor de las medidas coercitivas y unilaterales contra Venezuela, que ha denominado, primero por vía de hechos[9] y luego por vías formales, desde 2014 a 2021, constituye en el plano de lo económico el proceso más elaborado y pavoroso de desmantelamiento de las bases económicas nacionales. Entiéndase con ello la desfiguración económica más acelerado que se haya registrado contra un país en la historia contemporánea. En cifras, esta afirmación se basa, tal como lo habíamos reseñado en la primera parte de este estudio, en el reconocimiento de la realidad rentista de Venezuela como nudo de la economía nacional. La renta petrolera ha sido registrada en años recientes como la principal fuente de ingresos en divisas a la economía nacional, en un margen superior al 90%. A finales del año 2020 las autoridades venezolanas reseñaron que, acorde a lo registrado en 2014, los ingresos en divisas de la nación cayeron en un 99%[10], siendo esa la pérdida de valor neto de las exportaciones nacionales más grave jamás registradas en la historia venezolana y que, por comparación, podrían ser idénticas o hasta superiores a las cifras de algún país en guerra.

Dicho esto, y reconociendo en el rentismo petrolero como el principal factor modulador de la vida nacional por ser fuente de nuestra formación económica y social parasitaria y dependiente de la renta, es evidente que se ha producido una caída vertiginosa y dramática de las formas de financiamiento al Estado, teniendo un impacto enorme sobre la base de recursos para la gestión pública. Concurre ahora en Venezuela, en términos estrictamente prácticos pero altamente dolorosos en lo político, un proceso deliberado de desmantelamiento momentáneo del rentismo. Debe considerarse ello momentáneo porque este proceso de desmontaje del ingreso por renta al Estado venezolano no es perpetuo. El gobierno estadounidense y sus países aliados querrían ver de vuelta la acumulación de renta petrolera desde Venezuela, solo cuando el chavismo sea desplazado del poder y haya un regreso a la simbiosis del capitalismo rentista con la cual, eficazmente, el país fue sometido a la monoproducción, la vulnerabilidad, la dependencia y el control de facto de las trasnacionales sobre la economía venezolana, tal como fue durante todo el siglo XX, con el beneficio y complicidad de la élite criolla y sus dirigentes políticos cooptados.

Volviendo a la afirmación de que este proceso ha sido doloroso en lo político, es preciso reconocer que la gestión de gobierno del chavismo se afianzó en inmensa medida a las particularidades del rentismo como fuerza de gravedad económica en el país. Los recursos captados de la renta petrolera sirvieron durante los primeros 14 años de la revolución para emprender una sostenida y oportuna estrategia de apalancamiento del pago de deuda social y desarrollo de los sectores más vulnerables del país. Este proceso, que era definido por las fuerzas de la derecha venezolana como “populismo”, fue el de la ampliación de un conjunto de programas sociales en salud, educación, vivienda, obras públicas, programas de inserción productiva, impulso de nuevas formas de propiedad y financiamiento a la organización social. El fomento del Poder Popular mantuvo un claro vínculo con las relaciones económicas del rentismo. Estas fuerzas de lo organizativo se sostuvieron con el ímpetu del financiamiento para la gestión comunal en diversos órganos y niveles que resumidamente podríamos explicar de la siguiente manera y mediante diversos hitos:

  • En Venezuela, muchas de las llamadas Mesas Técnicas de Agua recibieron recursos para atender mediante la autogestión, obras y servicios de agua potable.
  • Desde el año 2006 hasta el año 2009, muchos Consejos Comunales accedieron a recursos para ejecutar modestas obras de infraestructura y desarrollo comunitario, de acuerdo a planes basados en prioridades y necesidades sentidas, aprobadas en asambleas de ciudadanos.
  • Desde el año 2010 en Venezuela comenzó un impulso a las Comunas, consideradas espacios geo-humanos o mancomunidad de Consejos Comunales en un territorio delimitado. Se agruparon proyectos y obras ejecutadas directamente por estas comunidades organizadas. Si bien muchas experiencias fueron incipientes y espasmódicas, y otras tantas fracasaron, por vez primera se registra en la historia de la gestión pública venezolana que las comunidades organizadas con el apoyo del Estado lograron gestionar, ejecutar, supervisar y consolidar sus proyectos de alcance social, en base a sus necesidades priorizadas y acorde a sus planes de desarrollo comunal.  
  • El Consejo Federal de Gobierno crea el Fondo de Compensación Interterritorial, y mediante este fondo de uso  intergubernamental también se financian a comunidades y Comunas en formación.
  • Desde el año 2010, con el lanzamiento de la Misión Vivienda Venezuela, luego denominada Gran Misión Vivienda Venezuela, las Comunas y Consejos Comunales fueron incorporados como entes ejecutores de viviendas. Estas instancias adjudicaban viviendas a familias de sus territorios, recibían materiales de construcción, recibían financiamiento para pago de mano de obra y seguidamente, mediante “cayapas” o “manos e vuelta”, las viviendas eran construidas. Esta modalidad altamente eficaz tanto en lo político como en el saldo registrado de viviendas, fue un hito que contribuyó enormemente al cumplimiento anual de las metas en construcción de viviendas.
  • Mediante diversas modalidades, como la formación de empresas de producción social, empresas de propiedad social directa comunal, cooperativas, empresas comuneras y otorgamiento de tierras a grupos organizados, el Estado venezolano, entre éxitos y fracasos, logró iniciar un complejo camino en la construcción de una economía alterna a las relaciones capitalistas tradicionales. La economía popular, cimentada a los órganos de empoderamiento comunitario, surgió en medio de las bondades de la expansión de la renta y también de las asignaciones económicas estatales.
  • Desde el inicio de las coyunturas económicas, la gestión de las fuerzas sociales en Consejos Comunales y Comunas fue adecuándose a las nuevas realidades del país, desde 2014 con la guerra económica y financiera y seguidamente con el bloqueo económico. Son creados los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que forman parte de la estructura de gestión comunitaria.
  • En paralelo, los servicios de gas, el acceso a alimentos (vía CLAP) y un sin número de programas de atención social, como Misiones y Grandes Misiones, encuentran en las comunidades gracias a los Consejos Comunales y Comunas, un ejecutor de políticas públicas.

Estos elementos de referencia en el desarrollo de las políticas públicas y de la organización social sufrieron en años de bloqueo un impacto claramente negativo. Con la pérdida de capital neto reportado por el Estado venezolano, de un 99% de su ingreso en divisas y el consecuente impacto que esto ha tenido sobre el presupuesto público, las secuelas han sido palpables en la política de financiamiento estatal a las iniciativas de organización popular. Es importante subrayar en este punto que uno de los impactos más significativos del bloqueo a la economía venezolana ha sido la pérdida en la capacidad de financiamiento del Estado venezolano al tejido político y social. En medio de un cuadro de adversidad económica, muchas de estas iniciativas no habían alcanzado un punto de autosustentabilidad para sobrevivir a la embestida de las desfiguraciones económicas. De hecho, muchas de estas tareas no estuvieron sujetas a parámetros autosustentables y no tenían por qué serlo. Otras, sin embargo, como las empresas comunitarias que no prosperaron, encallaron con la caída del flujo de recursos. En toda la caída que hubo en estas iniciativas sociales naufragaron proyectos de interés social y muchos beneficiarios de las políticas sociales gestionadas en el territorio mediante modalidades asociativas y solidarias sufrieron las consecuencias.

Una venezolana firma una petición para que sean eliminadas las sanciones de EE.UU. contra el país, agosto de 2019. (Foto: Manaure Quintero / Reuters)

Adicionalmente, la pandemia COVID-19, sobrevenida a inicios del año 2020,  demandó a las instituciones venezolanas un esfuerzo inédito en materia de gestión pública.[11] Ha signado el reforzamiento del estado de alerta y contención permanente que desde los últimos años se fijó de manera transversal en la vida del país, mediante la construcción sobre la marcha de medidas excepcionales en muchos ámbitos. En este punto, las comunidades han sido claramente sensibles a ese proceso de adaptación a la nueva regularidad, de alerta sanitaria, de distanciamiento social, de deterioro de la economía y nuevas presiones sobre los servicios públicos cuya calidad había menguado por los embates del bloqueo.

En estos ámbitos, la vanguardia de las organizaciones de base que, hay que afirmarlo, está mayoritariamente conformada por mujeres, ha sido clave como tejido político para sostener la cohesión social en el país profundo. Entiéndase con ello el proceso de rúbrica de la emergencia, la amenaza, la privación económica y la contención como marcas distintivas en el desarrollo de las políticas públicas en el país, delegando y promoviendo desde las Comunas más consolidadas, Consejos Comunales y CLAP, la atención directa a las comunidades desde lo cotidiano, desde sus pesares y desde sus demandas poblacionales y aspiraciones. El tejido organizativo fundado en el chavismo tuvo que alinearse a estas singularidades. Estas explican y denominan las diferencias que podríamos considerar abismales entre la organización social en tiempos de bonanza económica y la que ha emergido por las particularidades del tiempo presente, de bloqueo, por la caída de recursos, por pérdida parcial de la orgánica (a causa de las medidas de distanciamiento social en la pandemia) y en tiempos de grandes perturbaciones en la realidad nacional.

Explicar el proceso de experimentación de organización en Venezuela en las diversas etapas políticas y económicas del chavismo en el poder implica el reconocimiento tanto de éxitos como de fracasos. Ello impone un reconocimiento panorámico, pero exhaustivo, de la compleja trama nacional y los factores que han incidido en ella. A inicios del año 2021, el presidente Nicolás Maduro propuso al parlamento venezolano[12], luego de varios congresos del Poder Popular y a partir de un acumulado de ideas, la consolidación de nuevas leyes para el afianzamiento de las Comunas, entre ellas la Ley de Parlamento Comunal y la Ley de Ciudades Comunales. La propuesta es ambiciosa. Consiste en la consolidación de 200 ciudades comunales[13] en el territorio nacional en el año 2021, proceso que consiste en la sumatoria de las Comunas en construcción en enclaves territoriales determinados, para que estas formas de organización y la gente que viva en esos territorios pasen a una nueva modalidad político-administrativa basada en el autogobierno, la gestión de políticas públicas, de servicios públicos y el afianzamiento de nuevas relaciones económicas con más empresas y emprendimientos ganados para las relaciones solidarias en la producción, distribución y consumo de bienes y servicios.

La propuesta es adicionalmente ambiciosa por la incorporación de la criptomoneda venezolana apalancada por el Estado venezolano, el petro, para que sirva de mecanismo anti-devaluación y a la vez de financiamiento de las actividades de las Comunas y se sostenga el uso de este criptoactivo con un hábitat vinculado a una economía real y alternativa. Justo en el año 2021, marcado por las novedades de una economía mundial en reacomodo y en la cresta de la ola de los criptoactivos, el chavismo propone para la vida de sus adentros el uso de estas tecnologías financieras de nuevo tipo para apalancar la economía y las relaciones de poder alternativas. Las desfiguraciones y nuevas realidades con las que lidia Venezuela persisten como nuevas inercias moduladoras en los destinos nacionales. Sin embargo, el chavismo, lejos de dar por abortado su plan político medular basado en la idea de construir relaciones democráticas y protagónicas, ha elegido inventar en el cuadro adverso y proponer creativamente en los métodos sin cambiar el objetivo.

La Toparquía desde Robinson al tiempo presente

La evolución del impulso de las Comunas en Venezuela, admitámoslo sin tapujos, entre voluntarismo, avances, regresiones, desvaríos y pequeñas  victorias en el espacio político de lo cotidiano, tiene como elemento transversal la disputa por la construcción de lo nuevo frente a toda la “tradición” de fragmentación social y disgregación de las aspiraciones sociales como afirmamos en la primera parte[14] de este trabajo luego de la “tierra arrasada” varias veces, la mutación del rentismo y la consolidación del modelo de relaciones sociales y ocupación del territorio. La propuesta de las Comunas en construcción va precisamente en empujar a un cambio de reglas, entiéndase, de las relaciones sociales en el territorio que puedan concretarse mediante la modificación de las pautas de organización político-administrativa, las relaciones económicas y, más allá, la convivencia, la cultura, los imaginarios. La aspiración es profunda. Es un proceso delineado por contradicciones y obstáculos. Adicionalmente a los factores que han intervenido en este devenir y que recién fueron superficialmente explicados, sobre las causas más sobresalientes de esas contradicciones que confluyen en la construcción de las Comunas, es particularmente importante detenernos en el aspecto subjetivo o existencial, el que refiere a los “sujetos”.

Distribución de cajas CLAP a cargo de las comunidades organizadas. (Foto: The New York Times)

En el marco de la Revolución Bolivariana, este ha sido asumido en lo que normalmente se denomina el “proceso formativo” de los comuneros, de la base política del chavismo, de los participantes en las organizaciones y movimientos de base. En diversas etapas este proceso formativo ha sido tan variados como los componentes proto-ideológicos e ideológicos del chavismo. Desde las lecturas de la Constitución bolivariana que reunió al chavismo en sus primeros meses de gobierno hasta los círculos de estudio promovidos en comunidades y entes públicos para el discernimiento y debates de temas vinculados al “Árbol de las Tres Raíces”[15], los Cuadernos de Formación Política del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el “Libro Rojo” del PSUV[16], así como libros que van desde el Manifiesto Comunista y otros tantos pregonados por el presidente Chávez, tanto como materiales bibliográficos sobre economía política, socialismo, ecologismo, propiedad social, valores y otra larga lista. Todo este proceso formativo estuvo caracterizado por la revisión, análisis, redacción de conocimientos de tipo documental casi siempre sin sustento práctico, pero siempre relevantes e ineludibles para el proceso de construcción de las subjetividades ideológicas de la base chavista.

Sin embargo, hay una distinción importante entre lo formativo y la visión de “Continuo humano” que propuso Simón Rodríguez, que consistía en el proceso educativo desde las “costumbres” para desde ella proponer una ciudadanía para la República. Aunque, como es lógico, vinculamos a Simón Rodríguez como un promotor de la educación formal desde la infancia, su visión de Toparquía imbrica un proceso socioeducativo mucho más complejo, una educación basada en los hábitos, cimentada desde lo cotidiano. En su particular manera de escribir, Samuel Robinson logró resumir una continuidad que inicia desde lo educativo para ir desde ella a la construcción de una República, puesto  así desde el “Extracto sucinto de mi obra sobre la Educación Republicana (1849)”[17] en la que esbozó unas ideas principales.

“Solo la educación! impone obligaciones a la voluntad”.

“Estas obligaciones son las que llamamos hábitos”.

“Si queremos hacer república, debemos emplear medios tan nuevos como es nueva la idea de ver por el bien de todos”.

La misión de un gobierno Liberal es cuidar de todos, sin excepción para que… cuiden de sí mismos después, y cuiden de su gobierno.

La ignorancia de los principios sociales, es la causa de todos los males, que el hombre se hace y hace a otros.

Agrega Simón Rodríguez que, en la República, la educación es el vehículo para la creación de “voluntades”. Son ellas el núcleo que amalgama las aspiraciones de los hombres y las mujeres para ocupar el territorio de la República como sumatoria de las Toparquías. Volviendo a la educación, de esta manera el chavismo ha asumido en los procesos formativos por vías documentales una vía para formar las subjetividades. Sin embargo, han sido solo quienes se han vuelto participes directos en el quehacer político de lo cotidiano los que desde la práctica se han imbuido en un proceso de formación por vía de los nuevos hábitos. 

Al vislumbrar las aspiraciones propuestas para el año 2021 venezolano, una de las grandes inquietudes viene precisamente en la dirección de repensar la Comuna por vía de los sujetos políticos. ¿Es posible hacer de la construcción de las Comunas un proceso de continuidad humana y social por vía de la educación basada en las costumbres? Quizá las claves en ese proceso formativo necesario no está precisamente en la lectura del conocimiento eurocéntrico o en el revisionismo histórico con intenciones de calco, por más luces que el conocimiento documental pueda aportar. Quizá las claves formativas en un proceso de amplio espectro en las comunidades y luego de ellas a las Comunas en construcción y las ciudades comunales estén en las “cayapas”[18] en los “convites”[19] , en las “mano e vuelta” y en los “conucos”[20] que son claves pertinentes de nuestras formas de vinculación orgánica tanto por tradición como ahora por indispensable convicción política.

Quizá la crisis de las ideas por su lateralidad política (izquierda y derecha) esté justificada por la magnitud y velocidad de los tiempos políticos y de la realidad actual, la cual viene avasallando y desmantelando ideologías al exponerlas como insuficientes y sin pertinencia a los tiempos actuales, de manera que las formas estrictamente maniqueas en lugar de acelerar procesos emancipatorios, por el contrario, se vuelvan un lastre. Quizá las claves de la construcción de las organizaciones de base, amplias y diversas, están en los propios códigos de nuestros vínculos identitarios de origen, procedencia y tiempo presente,  y sean las formas de organización desde los vínculos (y no desde las ideologías eurocéntricas) las que nos den las respuestas al tiempo presente, para que, como señaló Robinson “los habitantes se interesen en su suelo”. Para el pensador, el proceso educativo era una cuestión transversal en todos los aspectos de la vida y sus etapas. Por ello veía en los ámbitos de lo que conocemos como “educación formal” un sinnúmero de posibilidades para que la propia sociedad republicana sea fértil y de ella puedan venir los nuevos sujetos, por supuesto, desde la formación en la infancia. Calzadilla Arreaza (2016) lo explica de la siguiente manera:

Simón Rodríguez ama la microscopia, social, política, pedagógica. ‘El que no aprende política en la cocina, no la sabe en el gabinete’, escribió en la que él llamaba su ‘Defensa de Bolívar’, folletín publicado en Arequipa, Perú, en 1830. Esa microscopia, esa visión del tejido y desde el tejido, es más afín a su difícil temperamento y a una filosofía como la suya, cabalmente empirista y pragmática, que considera abstracciones los ‘grandes principios’ (‘los principios están en las cosas’, dice), y que denuncia las mistificaciones culturales y sabihondas de las nuevas élites.

Para Robinson siempre fue infinitamente más útil, en la construcción republicana, un puñado de ‘maestranzas’ o escuelas técnicas en los campos remotos, que las más pontificias universidades en las grandes urbes. Estas forjaban vanidosos doctores de las clases altas; aquéllas menudeaban ciudadanos creando pueblo republicano. Lo que Rodríguez perseguía era la conformación de nuevos sujetos, un nuevo modelo de subjetivación donde imperaran nuevos ‘caracteres’ y nuevas ‘costumbres’. La ética robinsoniana contempla ese doble objetivo del ‘carácter’ como formación subjetiva (‘crear voluntad’) y de las ‘costumbres’”.[21]

Rodríguez creía en la educación como vehículo para la liberación, lo cual era para él un acto político. En otras palabras, la formación era un vehículo para formar seres políticos que pudieran pensar la república desde las toparquías, desde los propios adentros del país en un ejercicio de liberación pregonado y practicado desde la infancia y para la vida en todos los órdenes. En efecto, la llamada Carta de la Toparquía, que ya reseñamos en la primera parte de estas reflexiones, es una carta al Coronel  Anselmo Pineda escrita en Túquerres el 2 de febrero de 1847. Este texto es emblemático dado que una de las grandes dificultades nuestras en este tiempo ha sido interpretar a Rodríguez debido a que no escribió de forma estructurada y lineal. Esta carta, que en gran medida es anecdótica, apenas propone algunas frases que sintetizan el tamaño de su visión sobre la educación, la política  y los autogobiernos. Sobre la cohesión de la nación y el ejercicio del poder afirmó:

“Los gobiernos republicanos no han de ser Tragaldabas, como los monárquicos. Los vastos dominios se gobiernan mal, porque la dominación degenera en tiranía, al paso que se aleja del centro. La influencia moral es al revés de la influencia física; en esta se ve que los cuerpos inmediatos a un foco, se abrasan, mientras que los distantes están fríos; por el contrario, la Administración más moderada es despótica a lo lejos, por el abuso que los empleados hacen de sus facultades, al favor de la distancia“.[22]

Para Robinson, las relaciones del ejercicio de poder necesario yacen en el lugar y no desde la distancia. Una reflexión que en su tiempo era fácilmente susceptible de interpretarse como un desvarío debido al pensamiento modernizante de esa época y las propias realidades de los países sudamericanos arrasados por las guerras de independencia lo imponían; Las repúblicas nacían cohesionadas desde sus capitales hasta las tierras más inhóspitas en el ejercicio del poder centralizado y vertical. Robinson proponía a cambio el ejercicio del poder local y con su peculiar estilo de redacción llegó a mofarse con ironía de las trivialidades del ejercicio de poder centralizado, pero al mismo tiempo exponiendo su inconformidad:  “El mejor gobierno, a larga distancia, es malo, y con las quejas sucede al contrario. Salen vivas de la boca del quejoso, en el camino se desvanecen, y llegan moribundas (si es que llegan) a los oídos del gobernante”.[23]

La educación, la formación, entendida y practicada como un componente de por vida para la vida, transversal para la organización y la liberación como acto político, es también un vehículo para resolver las cuestiones de la vida cotidiana. En esta carta, aunque Robinson declara sobre cuestiones para la enseñanza, mediante quejas e inquietudes para consolidar su propuesta educativa en Túquerres, su inquietud de fondo como tantas veces iba en la preocupación por las cuestiones de lo cotidiano, el hambre, la pobreza. Extraer de su pensamiento elementos aplicables a la realidad venezolana del siglo XXI implica nuevas incertidumbres y una de ellas es el “cómo”. Considerando que la Venezuela del año 2021 propone consolidar 200 ciudades comunales y afianzar las Comunas y sus dinámicas territoriales, es necesario reconocer en este complejo proceso que gran parte de la sociedad venezolana continúa ajena a construir estas iniciativas de organización. Es, por razones de fuerza y cohesión política, solo una parte del chavismo la que está proponiendo y emprendiendo ello, mientras una gran mayoría permanece en la apatía, desconocimiento o indiferencia.

Consideremos que la sociedad venezolana, tal como lo explicamos en la primera parte de este trabajo, ha acumulado muchas causas para una sedimentación del tejido político-social, a saber, el arrase continuo del territorio, el advenimiento del rentismo como fuerza moduladora de la Venezuela moderna, la penetración de la cultura neoliberal, sus fuerzas separadoras y desintegradoras de los intereses sociales y su pregona del individualismo y de los sujetos ensimismados, que son causas estructurales con implicaciones materiales ineludibles y enormemente subjetivas. Por otro lado, los embates ya reseñados que ha sufrido el chavismo (y el pueblo) por los nuevos desgarramientos a la política y la economía del país, agravados por el bloqueo económico, la pérdida de gran parte de la base financiera y material del Estado, a lo que ahora se suma la pandemia y la necesidad de aplicación de medidas de distanciamiento social que han impactado en la movilidad de buena parte del chavismo y, por ende, ha acrecentado el alejamiento que se cristaliza en expresiones de desencanto, despolitización y desafiliación política que causan una pérdida del empuje y cohesión que hubo en años anteriores. En este marco de realidades, lo único que persiste y que de hecho se ha acrecentado son las llamadas “demandas poblacionales” y “necesidades sentidas” de la población en lo cotidiano. La pregunta a resolver en esta trama es “cómo” dar el salto político para que la construcción de las Comunas sea posible prevaleciendo en ella la suma de más y nuevas voluntades para que estas fuerzas de lo popular hagan uso de las demandas y necesidades como elemento de cohesión política y social, en un proceso de amplitud, formativo, persistente, de incorporación de los sujetos para que “se interesen en su suelo”. Las respuestas están en la ruptura de las segmentaciones político-partidistas para que prevalezca el bien común como interés, como una respuesta política y eficaz frente a las necesidades.

El acumulado organizativo del pueblo venezolano se ha forjado tras años de combates y agresiones multiforme. (Foto: Medios)

Aunque las instancias comuneras de Venezuela apuntan por mecanismos de Ley a acumular más poder delegado, estas conquistas se ciñen a una lucha sostenida en los últimos años, una cosa es el poder adquirido por vías de decretos y otra la construcción de poder real desde la diversidad y la adversidad.

Sobre esto, los factores promotores de las Comunas están a tiempo de labrar un camino para construir posibilidades reales de politización en términos de aspiración muy superiores. A mediados del año 2020, el presidente Nicolás Maduro evoco la construcción de un nuevo “bloque histórico” que debe ir “más allá de la izquierda”, indicándolo como un esfuerzo para aglutinar los intereses de las mayorías nacionales y superar el marco de “crisis orgánica”. El presidente Maduro propuso en esa instancia ir a un bloque de fuerzas sociales no caracterizadas por cuotas de partidos,  clientelares, de intereses particulares de sectores o gremios, sino ir a un aglutinamiento de la base y sus fuerzas sociales, ir a una cohesión desde los grandes vínculos y afinidades en necesidades, pero sopesando las nuevas contradicciones que nos abordan; desde el asedio externo hasta la desfiguración de la economía rentista paternal como la conocíamos.

De igual manera, hay que reconocer que el proceso de remodelación no controlado que vive la nación pasa también por los cambios dramáticos que hay en toda estructura política y de partidos, de izquierda a derecha, en los medios de comunicación, en las instituciones tradicionales (políticas, religiosas, culturales). Los rasgos de agotamiento son transversales en la vida del país, pues el agotamiento es fértil en sociedades como la venezolana, que son de gran dinamismo. Estos rasgos son igualmente palpables en las formas de legitimidad política en las comunidades. Maduro los entiende y asume que este momento de crisis orgánica y de formas de representación y legitimidad  es un espacio para avanzar más allá de las fuerzas y de los postulados tradicionales de la izquierda. La referencia a un recrudecimiento del marco de crisis orgánica en el país pasa por retomar el principio de bloque histórico como vehículo y como destino. Como vehículo no significa otra cosa que entender el actual momento político y la ruptura de las bases materiales y existenciales tradicionales del país para sumar voluntades. Nos concurre la urgencia de que las fuerzas sociales en su diversidad sean el factor determinante del actual momento político y de cara al futuro. Urge avanzar en el nuevo marco de relaciones entendiendo el actual punto crítico como espacio de agotamiento y ruptura de lo viejo para que lo nuevo sobrevenga como cosecha luego de tanto labrar. En este ítem hay una demanda adicional de creatividad y asertividad para repolitizar a amplios sectores de la vida del país desde las comunidades, en un ejercicio de construcción de poder desde abajo, con las necesidades y demandas como elemento de cohesión para, seguidamente, fortalecer los vínculos de los sujetos con el espacio, educando desde lo cotidiano y darle piso político real a las Comunas y ciudades comunales.

Sobre esto es importante reafirmar la necesidad de separarnos de los encantamientos propios de la burocracia estatal que de acuerdo a la planificación por metas, empuje a los factores institucionales a fabricar “Comunas aéreas”, de papel o sin asidero en lo real. Esta es una parte importantísima en estos desafíos. Las Comunas deben ser reales o no lo serán. La construcción de las Comunas pasará por establecer un nuevo marco de realidades en la relación de los venezolanos con el territorio. Hay que entender la construcción de las Comunas y ciudades comunales como una posibilidad política inédita en la historia del país en los últimos 200 años, léase con ello que la factura de tan importante oportunidad se pierde de vista si entendemos que las Comunas pueden resignificar la relación histórica de los venezolanos con nuestro territorio.

Esta afirmación yace en el reconocimiento del espacio-territorio venezolano como un lugar de tierra y hombres y mujeres saqueados. El balance histórico de la colonia, de las primeras décadas de la República, de la Venezuela agroexportadora, del advenimiento de la explotación petrolera y el auge del rentismo como contrato desarrollista modernizante, son todos expresiones de un modelo civilizatorio que no fue pensado por los venezolanos. Modalidades todas en las que se reprodujeron mecanismos de acumulación a beneficio de factores económicos extranjeros y unos pocos de la élite criolla. Esa condición política que se erigió sobre el país generó una dinámica constante de expoliación del territorio y el confinamiento mayoritario de la población a las ciudades, a los barrios y a las pequeñas parcelas en el campo. El territorio venezolano y el maltrato que ha sufrido, tanto como nuestra propia gente,  dejan expuestas las cicatrices del país-mina que hemos sido. Pero en el tiempo político presente existe la oportunidad de que sea la organización comunera en Toparquía la que permita establecer un nuevo marco de circunstancias para sanar heridas del tejido humano y físico-espacial para consumar nuevos términos en la relación con el territorio, que no es otra cosa que las relaciones entre los hombres y las mujeres de estos lugares.

Presidente Nicolás Maduro encabeza un encuentro nacional de consejos comunales, Comunas y CLAP. (Foto: Medios / TeleSUR)

Para Robinson en su Carta de la Toparquía la aspiración va a la cohesión de la República desde el autogobierno:

La verdadera utilidad de la creación es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo; así se destruyen los privilegios provinciales; ojalá cada parroquia se erigiera en Toparquía; entonces habría confederación… el Gobierno más perfecto de cuantos pueda imaginar la mejor política! es el modo de dar por el pie al despotismo… esto es… ( y esto es, mil y mil veces) si se instruye, para que haya quien sepa y si se educa, para que haya quien haga. Casas, lugares, provincias y reinos rivales, prueban mala crianza.[24]

Esta máxima robinsoniana es en tiempo presente una de las consideraciones más profundas y originales sobre la República y sobre la intención que hoy llamamos “Comunas”.

Consideraciones finales:

  • El Territorio venezolano, tanto como sus hombres y mujeres, guardan relaciones, vínculos hereditarios en tiempo presente con las gravitaciones históricas que emergieron desde el arrase e imposición del modelo colonial y, con ello, la ocupación del espacio, el uso de la tierra, los hombres y las mujeres. Así se fundan las ciudades coloniales, su base material, su modelo de convivencia, su imaginario y sus sujetos.
  • La Venezuela Republicana y agroexportadora emergió entre los despojos de la guerra de Independencia y la tragedia de una República que no llegó a serlo acorde a las aspiraciones bolivarianas que, aunque por su tiempo histórico eran liberales y burguesas, veían un ideario de nación cimentada en la libertad y la igualdad.
  • La Guerra Federal volvió a diezmar los territorios. El país, luego declarado Federal, se mantuvo en los hechos sin tierras ni hombres y mujeres libres. La relación de los venezolanos con el territorio ocurrió en gran medida al calco de las relaciones desiguales en el acceso a la riqueza, que era, como la tierra, concentrada en pocas manos, acentuando el desarraigo.
  • El país mantuvo los patrones de poblamiento heredados desde la colonia. El eje Norte Costero del país, los valles centrales, las regiones montañosas desde la costa a los andes, los llanos de occidente a la desembocadura del Orinoco, el país más al sur, son los referentes en la ocupación del territorio nacional en ciudades y caseríos, mientras que una inmensa parte del territorio y sus enormes trechos geográficos quedaron inhóspitos.
  • El auge petrolero y la Venezuela moderna imbricaron el modelo de ciudad, reproduciendo relaciones de “centro-periferia” en las entrañas del país. El país se consolida con dos tipos de ciudadanía: rural y urbana.
  • De esa manera, el país es nuevamente arrasado en un proceso de simbiosis económica fundada en el extractivismo y así emerge a inicios del siglo XX nuestro contrato político, económico y social llamado rentismo.
  • La Venezuela moderna no fue democrática, sus ciudadanos no eran tal. Las ciudades se convirtieron en depósitos de consumidores y el éxodo rural de mediados del siglo XX desarraigó a una inmensa parte del país profundo. Las ciudades venezolanas se vuelven el epicentro de las asimetrías nacionales, demográficas, económicas y existenciales.
  • Los sujetos desarraigados del campo son desarraigados también en las ciudades. Grandes mayorías nacionales en la privación, una parte más en la aspiración (a la promesa de la ciudad y el progreso) y unos pocos muy cerca de la renta y sus privilegios.
  • El capitalismo rentista nacional formó sujetos para la indiferencia, las dificultades para asociarse y organizarse. Solo los vínculos familiares, afectivos, comunitarios, locales, junto a las demandas poblacionales, permitieron que las expresiones de solidaridad orgánica entre los sujetos se sostuvieran como respuesta natural a las sinergias de la individualización.
  • Sobreviene el chavismo como resultado de un proceso histórico. Esta fuerza política, social y cultural se vuelve también una fuerza económica por un viraje en el Estado para convertir al rentismo en motor de las aspiraciones políticas y sociales.
  • El chavismo propone nuevas reglas en el desarrollo de la gestión pública y social en todos los niveles, pero intentando eludir la perpetuidad del clientelismo político, la apuesta es a la construcción de la democracia participativa y protagónica para acentuar los objetivos trazados en la Constitución bolivariana como nuevo contrato social.
  • El chavismo comienza a experimentar en la concreción de esa democracia. El empoderamiento popular viene con la apuesta al socialismo para, desde las comunidades, romper las amarras políticas.
  • Al proponer los Consejos Comunales, luego las Comunas e igualmente las leyes del Poder Popular, el chavismo hace el énfasis en ir más allá de lo político e intentar que la vida en estos espacios geo-humanos se cimentara en nuevos contratos materiales y existenciales.
  • El proceso de experimentación se consolida durante años, sobrevienen las contradicciones, los letargos, las pequeñas victorias, los empujes al frente, los voluntarismos, los fracasos, los retrocesos. Todos como partes indispensables de los procesos de maduración política.
  • El país es nuevamente desfigurado. Las fuerzas demoledoras de la guerra económica interna, el bloqueo al país, las formas de asedio a la nación destruyen una inmensa parte de la base material nacional, la que yace en el lado público de la economía, impactando severamente todas las formas de gestión pública y social y, por ende, en la base de recursos para el impulso de las formas de organización popular.
  • Ocurre un proceso de sedimentación política que parcialmente destruye gran parte de los logros del ciclo precedente. Concurren la desafiliación, los desencantos. Pero el chavismo se sostiene de su base social más dura y persiste en circunstancias inéditas. Los sujetos sociales son también desfigurados y las nuevas realidades económicas del país influyen en los imaginarios.
  • Aun en tiempos de gran adversidad política, el chavismo relanza su apuesta por las Comunas y las Ciudades Comunales, dando a ellas la intención de ser formuladas en las condiciones del actual tiempo político y económico.
  • Es entonces, en espacios nuevos impuestos por las actuales circunstancias, en las que la búsqueda de las ideas, de las creaciones, de lo que hay que inventar para no errar pasa a ser indispensable; avanzar dentro de las actuales condiciones proponiendo nuevos métodos, pero sosteniendo el fin estratégico. Comuna o nada. El país será democrático o no lo será.
  • Los venezolanos fuimos mutilados en múltiples ocasiones. Hemos sido  huérfanos en los imaginarios, imbuidos en la creencia de que debemos parecernos a otros y no a nosotros mismos, divagamos en las creencias de Europa, en las promesas del petróleo y del progreso. Bolívar, era un ideario inerte como una estatua, pero el chavismo logró darle cuerpo vivo, junto a Chávez, para resignificarlo como fuerza creadora en el presente.
  • La búsqueda de claves nos asiste en tiempo presente, pero en ellas reaparece Simón Rodríguez; un hombre que pensó el ideario de país desde la primera y segunda vez que esta tierra fue arrasada, dado que vivió los últimos años de la colonia y los primeros años de la maltrecha República. La clave de la República, de la ideal, de la que no fue, para Rodríguez no está en su centro fuerte, sino en sus extremidades y partes todas, las cuales hacen el cuerpo político nacional. Lo afirmó así en 1947.
  • Rodríguez propuso de la manera más práctica posible una vía al autogobierno. Aunque algunos consideran su visión como protosocialista o protoanarquista, la distinción de su pensamiento es que asumía en esta vía un mecanismo para cimentar la República, al Estado, y no para desintegrarla, tal como es común en el pensamiento eurocentrista. Ocupar el territorio por ciudadanos interesados en el lugar mediante una cultura formulada desde las costumbres (o nuevas costumbres) propuso.
  • Según su visión, esto sería posible mediante la conjunción de muchos elementos, pero uno de ellos será la educación social como un continuo humano, transversal en todos los aspectos de la vida. Una educación no basada solo en el conocimiento instrumental, sino una educación en el quehacer, las costumbres, la solidaridad, la cohesión social, la organización política y el ejercicio de la asociación para la construcción de poder y decisiones en el territorio.
  • El desafío del chavismo en la actualidad consiste en mirar el levantamiento de las Comunas y ciudades comunales desde el tiempo presente, no acorde al país que ya no existe, que es el que dio pie al desarrollo del ímpetu comunero en recientes años, pues este fue desfigurado. También concierne asumir que construir estas comunas no es viable en copia y calco maltrecho de otras experiencias.
  • El chavismo debe asumirse como una fuerza generadora de lo nuevo porque tal es el alcance de las particularidades de su tiempo político e histórico.
  • El desafío político consiste en proponer desde el país profundo un marco de relaciones y vínculos con amplitud política, haciendo uso de las necesidades y desgarramientos materiales que nos abordan para convertirlos en praxis política. Empoderar, formar y organizar para que los nuevos sujetos asuman el territorio en pleno ejercicio de sus facultades y participen en la organización de la vida, para que, como decía Samuel Robinson, ser libres, para hacer cumplir el Artículo 2 de la Constitución bolivariana.
  • Los comuneros venezolanos deben romper su espacio político habitual y sus formas, a veces a causa de las identidades políticas y partidistas hechas un lastre, y abordar con audacia y creatividad a un país inmenso que en todos sus rincones no asimila, no entiende, no se involucra, no participa, no se identifica con el gran esfuerzo por su liberación. Deben comenzar desde su país pequeño, desde las comunidades. Repolitizar todo, abordarlo todo, proponer para sumar.
  • Ante los escenarios por venir, las nuevas realidades se impondrán como fuerzas inexorables, pero hay que ir con ellas para cambiarlas desde lo cotidiano. Entiéndase con ello que el pueblo se tiene a sí mismo para “salvarse” y asumir su destino. Son estas circunstancias un ámbito de oportunidad política, para que la organización asuma los servicios públicos, para que asuman la ejecución de la política social del Estado, para resolver el día a día, para actuar con facultad, política, económica y organizativa en los desafíos de lo cotidiano.
  • Las Comunas son por urgencia espacio para impulsar nuevas relaciones de producción, distribución y consumo, que no es otra cosa que una materialidad basada en las necesarias costumbres para educar con ellas y desde ellas.
  • Hay que considerar, sin ningún tapujo, la incorporación del concepto de Toparquía en el gran esfuerzo comunero en el país. Topos- (lugar) -arquía (poder). No irá en desmedro de la Comuna, aunque tal concepto esté formulado sobre el esfuerzo de los comunes en hacerse del poder y a pesar de que tenga la rúbrica eurocéntrica como marca y precedente histórico. Pero el concepto de Toparquía, pese a su origen también eurocéntrico, fue sugerido por Robinson en los albores de la República de Bolívar que no fue. Es una marca de origen nuestra. Si queremos ser originales, vayamos al origen y con creatividad.
  • Proponer la Toparquía como concepto en las leyes que hacen hincapié en este gran esfuerzo de promover el autogobierno asumiendo que forma parte del origen de la nación luego de su liberación de España, como una semblanza a Bolívar, a Chávez y a la República que se refundó a inicios de este siglo y que sigue construyéndose entre tempestades.
  • Proponer la Toparquía como concepto, como tarea por lograr. Denominar a las Comunas espacios en Toparquía para no dejar la propuesta de Robinson en los libros, sino incorporarla como concepto político vivo.  Usar esta palabra como nomenclatura a un nuevo ciclo político, como ingrediente nuevo para reavivar estos esfuerzos y darle nuevo ímpetu, relanzarlas, proponerlas, construirlas.
  • El gran esfuerzo político del Ejecutivo nacional, del Parlamento nacional, es el de agrupar las aspiraciones en leyes y prácticas de gobierno que se articulen con la intención política de hacer realidad los autogobiernos. Pero el desafío más profundo queda en manos de los factores reales de la política en las entrañas del país.
  • Este proceso, ahora, será como en el devenir de experimentación, pues en eso consiste la creación de lo nuevo.
REFERENCIAS
1 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Artículo 2. http://www.oas.org/dil/esp/constitucion_venezuela.pdf
2 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Artículo 347
3 “En 2006, se promulga la Ley de los Consejos Comunales con la cual se busca institucionalizar el vínculo de las formas organizativas de base con el Estado, para promover la participación en el espacio local del poder popular «en gestación», reafirmando su virtud en tanto su «proximidad» con las esferas de acción reivindicativa de la población. En ese devenir, donde se suman antagonismos políticos y esfuerzos de implementación de cambios institucionales, el repertorio de las actuaciones públicas de los sectores populares, definido por la lucha entre la lógica de sobrevivencia y la lógica de reconocimiento, ha reforzado su afiliación comunitaria, localista, con contenidos en el terreno material y simbólico.” Fernández Cabrera, Beatriz. (2011). Los consejos comunales: continuidades y rupturas. Cuadernos del Cendes Año 28. N° 78. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/403/40322698003.pdf
4 Ley Orgánica del Poder Popular. Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. (2010). Disponible en: http://www.superior.consejos.usb.ve/sites/default/files/LEY_ORGANICA_DEL_PODER_POPULAR_09_12_10.pdf
5 Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular. Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (2010). Disponible en: http://www.onapre.gob.ve/index.php/publicaciones/descargas/finish/41-ley-organica-de-planificacion-publica-y-popular/207-ley-organica-de-planificacion-publica-y-popular#:~:text=La%20presente%20Ley%20tiene%20por,encargados%20de%20la%20planificaci%C3%B3n%20y
6 Ley Orgánica de las Comunas. Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (2010). Disponible en: http://www4.cne.gob.ve/onpc/web/documentos/Leyes/Ley_Organica_de_las_Comunas.pdf
7 Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal. Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (2010) Disponible en: http://www4.cne.gob.ve/onpc/web/documentos/Leyes/Ley_Organica_del_Sistema_Economico_Comunal.pdf
8 Ley Orgánica de Contraloría Social. Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (2010). Disponible en: http://www4.cne.gob.ve/onpc/web/documentos/Leyes/ley_organica_de_contraloria_social.pdf
9 La “guerra económica y financiera” en Venezuela fue una categoría empleada desde los años 2014 y 2017 para referir acciones articuladas desde la clase empresarial del país y del extranjero, en una agenda destituyente del poder político nacional por vías del desgaste a la población. Varias veces referida en Radiografía de un país bajo asedio (2018), de William Serafino y Franco Vielma, publicado por Misión Verdad en Caracas. Disponible en: https://www.fundarte.gob.ve/images/descargas/Feria_del_Libro_2019/FEF%20-%20Libro%20D%20-%20FERIA%20DEL%20LIBRO%20CCS%202019%20-%20Radiograf%C3%ADa%20de%20un%20pa%C3%ADs%20bajo%20asedio%20%202019%20-%20PDF..pdf
10 “Maduro informa que Venezuela perdió 99% de los ingresos petroleros en seis años”. La República. (2020). Disponible en https://www.larepublica.co/globoeconomia/maduro-informa-que-venezuela-perdio-99-de-los-ingresos-petroleros-en-seis-anos-3067569
11 El estado de contención y alerta permanente del Estado venezolano en una trama de excepcionalidad es referido en el informe “El COVID-19 como quiebre global. Venezuela ante el desastre” (2020), por Vielma Franco y Serafino William, del Instituto Samuel Robinson. Caracas. Disponible en https://isrobinson.org/wp-content/uploads/2020/10/informe-noviembre.pdf
12 “La agenda parlamentaria arranca con destino hacia lo comunal”. Misión Verdad (2021) disponible en https://misionverdad.com/venezuela/la-agenda-parlamentaria-arranca-con-destino-hacia-lo-comunal
13 “Autoridades del Gobierno Nacional debaten estrategias para poner en marcha 200 Ciudades Comunales”. Venezolana de Televisión. (2021). Disponible en https://www.vtv.gob.ve/gobierno-estrategias-ciudades-comunales/
14 De la Toparquía a la Comuna. Vigencia del Método Robinsoniano (2021). Vielma, Franco. Instituto Samuel Robinson. Caracas. Disponible en https://isrobinson.org/investigaciones/de-la-toparquia-a-la-comuna-vigencia-del-metodo-robinsoniano-i/
15 El Árbol de las tres raíces” fue un documento no estructurado que resumió el ideario del movimiento bolivariano MBR-200 en tiempos previos a la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 y, luego, en tiempos del Gobierno bolivariano, sirvió como base formativa de los “Círculos Bolivarianos”. Disponible en https://www.urru.org/videosbolibananos/Textos/arboldelastresraices.pdf
16 Libro Rojo. Partido Socialista Unido de Venezuela. Caracas (2010). Disponible en http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2014/04/Libro-Rojo.pdf
17 Extracto sucinto de mi obra sobre la Educación Republicana. Obras Completas. Rodríguez, Simón. UBV/UNESR, p. 568.  (2016). Disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20190926042843/Simon_Rodriguez_Obras_Completas.pdf
18 De origen indígena, en Venezuela consiste en la labor cooperativa para las cuestiones de lo cotidiano
19 De origen catalán, es la acción y resultado de “convidar” o compartir.
20 Modelo de producción y agricultura mediante modalidades familiares y comunitarias de origen americano.
21 Simón Rodríguez y la carta de la ‘Toparquía’. Calzadilla, Juan. Revista Memorias de Venezuela (2016). Disponible en: https://memoriasdevenezuela.wordpress.com/2016/11/21/simon-rodriguez-y-la-carta-de-la-toparquia/
22 Rodríguez, Simón. (2001). Cartas. Dirección de Publicaciones y comunicación de la UNESR. Caracas, p. 169. Disponible en https://pedagogiaydidacticaunsa.files.wordpress.com/2013/06/cartas.pdf
23 Idem.
24 Idem.
AUTOR
Franco Vielma
ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

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