La Batalla de Carabobo representó el evento militar decisivo de la Guerra de Independencia venezolana. (Foto: Archivo)

Los prolegómenos de Carabobo

Después de la firma de los Tratados de Trujillo en noviembre de 1820, la guerra entró en un compás de espera que no significó paralización ni descanso para las fuerzas patriotas y para el mismo Libertador. De Trujillo se desplazó a Barinas para inspeccionar las tropas y revisar personalmente el acuerdo sobre el particular status de esa provincia establecido en el artículo 6 del Tratado de Armisticio.

De Barinas fue a San Cristóbal para estar cerca de Cúcuta cuando comenzaran las deliberaciones del Congreso de Colombia que habría de sesionar a partir del 1° de enero en esa ciudad. Y a finales de la primera semana de enero, ya estaba en Bogotá inmerso en una vorágine de actividades, la más importante de las cuales, era preparar las campañas militares en Venezuela y Quito para cuando se rompieran las hostilidades tras el fin del armisticio acordado por seis meses. En esta medida, Bolívar entendió que ambas campañas victoriosas creaban condiciones óptimas para la total liberación de la América meridional para lo cual intensificó sus vínculos con los hombres de Estado de las Repúblicas del Sur. Así mismo se dispuso a implementar las resoluciones del Congreso y no agotar la posibilidad de finalizar la guerra a través de una negociación con España.

Al asumir esta última contingencia se preparó para recibir a José Sartorio y al Capitán de Fragata Francisco Espolino designados por el Rey para intentar una salida decorosa de España del conflicto. Con la misma lógica, Bolívar destinó a Rafael Revenga y José Tiburcio Echeverría como comisionados para viajar a España a discutir con las autoridades de la península acerca de las relaciones entre los dos países. La monarquía todavía aspiraba a que, a través de “medios suaves y conciliatorios”, los colombianos aceptaran como forma de gobierno una suerte de autonomía bajo tutela borbónica. Los comisionados nombrados por Bolívar tenían la instrucción de discutir acerca de los términos de la independencia y el reconocimiento formal de España a Colombia como nación libre y soberana. Para España se trataba de autonomía y paz, para Colombia de independencia o guerra. En el plano de los preparativos para dar continuidad a la beligerancia si se rompían las hostilidades, Bolívar sobre todo instruía a sus generales instándolos a estar alerta ante los movimientos del enemigo y aprovechar la paralización de las actividades bélicas para incrementar la preparación combativa de las tropas y mejorar su avituallamiento y logística. Otro tanto ocurría en el ejército realista. Al igual que Bolívar, el jefe español Miguel de la Torre sabía que el desenlace de la situación se daría en el campo de batalla.

General español Miguel de la Torre. (Foto: Archivo)

En ese contexto, la decisión de Maracaibo de separarse definitivamente de España, incorporarse a Colombia y pedir su protección el 28 de enero de 1821, vino a cambiar la ecuación del momento. Aunque la provincia estaba bajo jurisdicción española, Bolívar envió una división en su apoyo. La protesta de los españoles no fue óbice para que el Libertador afirmara que Maracaibo había quedado bajo jurisdicción de la república por decisión propia. Este fue el causal –en los hechos- del fin del armisticio y el reinicio de la confrontación en el terreno militar. Sin embargo, leal al compromiso asumido, en cumplimento de los acuerdos de Trujillo, el 19 de febrero le escribe al general Miguel de la Torre, jefe del ejército español, consultándole por los términos formales del rompimiento de hostilidades. Así mismo, el Libertador, que en dos meses había reorganizado el ejército dislocando las tropas en preparación de la batalla decisiva, dio órdenes a Páez para que avanzara hacia el norte cruzando el río Apure a fin de reunirse con las tropas bajo el mando directo del Libertador al este de Barinas; a Urdaneta, tomar Coro, continuar a Barquisimeto donde debía encontrarse con Bolívar y Páez; a Bermúdez, atacar desde Oriente haciendo maniobras de distracción que simularan que su misión era ocupar Caracas; igual encomienda tuvieron Zaraza en los valles del Tuy, Arismendi en Barlovento y Cruz Carrillo desde Barquisimeto en dirección a Puerto Cabello. Pero mientras estas operaciones se desarrollaban, otras preocupaciones llenaban la mente del Libertador, entre ellas, el desarrollo de los acontecimientos en el sur. En carta dirigida a Santander el 21 de diciembre desde Cúcuta lo había reprendido con severidad por haber olvidado sus instrucciones al respecto.

Bolívar consideraba las dificultades que se presentaban en estos territorios habida cuenta el desconocimiento de la situación de Guayaquil, su reconocimiento o no del gobierno de Colombia y su aceptación de ser parte de ella. Por otro lado, toda vez que Quito había quedado en una especie de limbo en los tratados de Trujillo se preguntaba si sería acertado o no suspender las operaciones militares en su contra, con el riesgo que los españoles actuaran desde ahí para atacar Guayaquil, por lo que decide dirigirse hacia esa región a fin de hacerse cargo personalmente de las acciones. Le ordena a Santander que instruya al general Valdés, jefe de las fuerzas republicanas en el sur en el sentido de que el armisticio no tiene validez en ese territorio, por lo que debe continuar la guerra. Sin embargo, los acontecimientos en Maracaibo le obligan a reestructurar sus planes, regresando a Venezuela de inmediato sabedor que este hecho iba a significar un cambio trascendental en la dinámica de la guerra. Al mismo tiempo al constatar que Valdés se había mostrado flemático y dubitativo en el cumplimiento de la misión,  por instrucciones del Libertador, el 21 de enero es sustituido por el general Antonio José de Sucre como jefe del Ejército del Sur.  

Como se observa, el pensamiento estratégico de Bolívar y su capacidad militar le permitía conducir la guerra simultáneamente en dos escenarios distintos y distantes: Venezuela y Ecuador. De la misma manera en el cumplimiento de sus funciones de Estado y visualizando que muy pronto sería necesario reunir los ejércitos del norte a su mando y los del sur subordinados al General José de San Martín dedica parte importante de su tiempo a establecer comunicaciones más permanentes con los gobernantes, jefes militares y líderes de otros territorios de la geografía sudamericana. Así, le escribe a San Martín el 10 de enero desde Bogotá y al Director Supremo de las Provincias del Río de la Plata el 4 de febrero desde Tunja. A San Martín le anuncia su deseo de reunirse “después de haber pasado por sobre los trofeos de los tiranos del mundo americano”.

De la misma manera envía misiva al rey Fernando VII instándolo a reconocer a Colombia que pronto será totalmente independiente, ofreciéndole a España la amistad de la nueva nación “pero erguida, […] no abrumada de cadenas”. Igualmente, en medio de los aprestos organizativos de las operaciones militares que se planean, el Libertador se ve también impelido a hacerse cargo de sus responsabilidades al frente del Estado, sobre todo cuando se produce el infausto fallecimiento del Dr. Juan Germán Roscio que lo privó a él de un colaborador leal y a Colombia de su vicepresidente. De inmediato, el 9 de marzo, gira instrucciones al general Luis Eduardo Azuola para que asuma tal función con el encargo expreso de de instale el Congreso lo más pronto posible a fin de elegir un presidente y un vicepresidente para Colombia, rechazando a priori su nombramiento en la más alta magistratura del Estado y proponiendo elegir entre Nariño, Urdaneta y Santander. Al final de la carta del Libertador a Azuola, hay un largo post data en el que hace recomendaciones respecto del discurso que el vicepresidente debe hacer en el Congreso. Le explica que debe incluir lo referido a los tratados de Trujillo y la misión negociadora enviada a España. Así mismo, le dice que resalte que Colombia tiene estrechas relaciones con los “gobiernos independientes de América […] y con algunos de Europa…”, pero le advierte que sea cauto para no entregar información al enemigo. De la misma manera, le pide que exalte la realización del Congreso de Colombia, su gloria militar, que enumere sus provincias libres, la unidad política y militar, la buena administración de justicia, la mejora de las rentas y, finalmente, la probabilidad de que sea logre un arreglo beneficioso con el que habrá obtenido la paz o la victoria. Azuola no pudo cumplir el encargo del Libertador porque falleció mientras esperaba la llegada de los diputados que debían participar en el cónclave.

Juan Germán Roscio, una figura clave en la lucha por la independencia de Venezuela. (Foto: Archivo)

En este contexto, el Libertador recibe con extrema satisfacción la noticia del regreso de Antonio Nariño de Europa donde había estado preso por 6 años, lo intima a trasladarse de inmediato a Cúcuta para cumplir la misión encomendada a Roscio y Azuola que no pudieron realizar por sus enfermedades y posterior fallecimiento. Nariño instaló el Congreso de Cúcuta que lo nombró Vicepresidente de Colombia. En el interregno, Bolívar mantiene profusa comunicación con el general de la Torre, quien lo responsabiliza por el fin del armisticio y las desgracias que sobrevendrán por el rompimiento de las hostilidades. De la Torre clama por nuevos armisticios y Bolívar con respeto, pero con firmeza le explica que la situación de Colombia no permite seguir postergando la llegada de la ansiada independencia. Le da a conocer las calamidades que están acechando al país afectando al economía y la producción de alimentos, situación que no puede seguirse prolongando por lo que no le queda otro camino que el rompimiento se hostilidades. Con todo, le ofrece la firma de un nuevo armisticio pero en posiciones mucho más ventajosas para los patriotas desde el punto de vista de la ocupación de territorios, lo que la hace inaceptable para los españoles, como efectivamente le informa De la Torre a Bolívar en carta del 16 de abril.

En el contexto, las tropas habían iniciado su movimiento. Mientras De la Torre concentraba sus tropas en San Carlos con la intención de atacar a Bolívar y su segundo al mando Francisco Tomás Morales hacía lo propio en Calabozo a fin de enfrentar a Páez, los generales republicanos cumplían al pie de la letra la orden de combate dada por el Libertador. Así, el 1° de mayo Bermúdez inició el movimiento de su división, el 11 llegó a Caucagua, el 14 estaba en Caracas, el 16 en la Guaira, regresó a la capital y siguió el viaje a los valles de Aragua donde presentó combate y derrotó a los españoles en La Victoria el día 20, volviendo a Caracas el 25. El plan de Bolívar se ejecutaba a la perfección, Morales tuvo que abandonar su idea de atacar a Páez para ir a perseguir a Bermúdez, pero éste en cumplimiento de las órdenes se retiró a Oriente haciendo infructuosa la persecución de Morales.

Las maniobras militares de Bolívar previas a Carabobo partían de un conocimiento exacto del territorio y las fuerzas disponibles. (Foto: Archivo)

El movimiento de Bermúdez le permitió a Páez proseguir su marcha sin combatir llegando a Tucupido el  31 de mayo con sus tropas frescas e intactas para que entre el 7 y el 11 de junio arribara a San Carlos donde se produjo su encuentro con el Libertador.

Por su parte Urdaneta ocupó Coro el 11 de mayo sin combatir, el 28 continuó la marcha, llegando a Carora el 8 de junio, el 13 a Barquisimeto y el 19 a San Carlos que había sido ocupada por Bolívar el día 2 de junio, tras salir de Barinas el 8 de mayo, llegar a Guanare el 22, a Ospino el 28 y a Araure el 30.

El 19 todo los preparativos habían concluido, Bolívar ya había decidido que el destino de la Patria se decidiría en Carabobo. El 20 el ejército republicano inició su marcha hacia la victoria y hacia la gloria.

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Sergio Rodríguez Gelfenstein
ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

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