Cosecha industrial de trigo. (Foto: Sly / Fotolia)

Especulación y pandemia disparan precios de cereales

El medio español La Vanguardia, informó el pasado 21 de enero que a finales de 2020 el índice de precios de la FAO se situaba en el nivel más alto de los últimos 6 años, con una subida superior al 26%.

Actualmente, en el mercado de futuros de Chicago los incrementos de maíz, soja y trigo, comparados con los niveles de junio, oscilan entre el 35% y el 60%.

  • Perturbación de los canales de transporte, producción y distribución en todo el mundo durante casi todo 2020 debido a la pandemia.
  • Desequilibrio entre demanda y oferta, las economías emergentes están repuntando. China, después de sufrir el año pasado la peste porcina y sacrificar su ganado, ahora lo está reconstituyendo y necesita alimentarlo.
  • Mayor demanda debido al creciente interés en el biocombustible y por el uso del trigo para el ganado, porque los países emergentes consumen cada vez más carne.

Espiral: La producción internacional, deprimida por años de precios bajos, ha ocasionado falta de inversión y abandono de cultivos. Las previsiones de la producción de cereales llevan tres meses bajando.

El cambio climático ha afectado la cosecha en algunos países como Ucrania, Rusia o Estados Unidos, afectada por el fenómeno lluvioso conocido como la Niña y las condiciones de sequía en Argentina.

Resultado: El uso de cereales en el mundo para la temporada 2020/2021, según la FAO, alcanzará un nuevo récord en 2.744 millones de toneladas y, por ende, las existencias han disminuido hasta 866 millones de toneladas.

Este desequilibrio presiona inevitablemente los precios al alza. Y también alimentar a los animales ahora sale más caro que antes, lo que ha puesto a los ganaderos de rodillas.

Dejavú: Dice el reportaje que con la gripe española o la crisis del 2008 también subieron las materias primas. Hoy día, los bancos centrales están inyectando sin sentido un récord de 1.400 millones de dólares de liquidez en los mercados de capitales cada hora, esa liquidez y la ruptura de la cadena de valor de suministro mundial han encarecido el transporte y trastocado los parámetros.

En retrospectiva, algo parecido ocurrió en febrero de 2008, poco antes que estallara la crisis financiera, el precio del trigo subió un 46%, luego en mayo se desplomó y volvió a repuntar, un vaivén de volatilidad típico de las burbujas.

Según Oxfam, la alta inflación del precio de alimentos básicos como el arroz y los cereales empujó a 119 millones de personas más a una situación de hambre en países pobres, alcanzando 967 millones de personas.

Bárbara Stocking, entonces directora general de Oxfam, estimó que el aumento en el precio de los alimentos tenía un efecto “devastador” en determinadas poblaciones y citó el caso del salto de 300 por ciento del precio del trigo en Guatemala, o el precio duplicado que debían pagar por harina y arroz en Camboya y Filipinas. “Vidas inocentes han sido quebradas por su exposición a la volatilidad de los mercados”, afirmó. “Es tiempo de que el mundo se dé cuenta de la necesidad de que los gobiernos de los países en vías de desarrollo ayuden a sus agricultores golpeados por la pobreza, y de la obligación de los países industrializados de ayudarlos”, añadió.

La crisis alimentaria en 2008 generó disturbios graves en México, Marruecos, Senegal, Uzbekistán, Guinea, Mauritania y Yemen.

Luego de casi once años de precios estancados o cayendo, con rentabilidad baja, las empresas agrícolas empiezan a acumular ganancias. Especialistas del Panda Agriculture & Water Fund dicen que “La historia nunca se repite, pero el estallido de la gripe española propició un doble shock de demanda/oferta y un cuello de botella, con un correspondiente aumento de los precios al por mayor, en el caso de las materias agrícolas”.

ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

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