Juan Guaidó ahora es cuestionado por sus colaboradores más cercanos. (Foto: Sofía Jaimes Barreto / Cinco8)

Lo que realmente ocurre detrás de los choques en la oposición

A raíz de los escándalos recientes alrededor de la compañía venezolana Monómeros, secuestrada por Juan Guaidó en 2019 y actualmente en una situación de gran vulnerabilidad, las divisiones en el antichavismo han vuelto a la palestra, pero esta vez con un contenido diferente.

Contexto: Luego de la intervención de la empresa a manos de la Superintendencia de Sociedades (organismo adscrito al ministerio de Comercio colombiano), seguida de las denuncias de corrupción de Humberto Calderón Berti y las declaraciones y movimientos improvisados de la junta directiva ilegal impuesta por Guaidó, la luna de miel de los factores del gobierno fake, sustentada en el reparto del patrimonio público de los venezolanos, parece haber terminado definitivamente.

Borges vs. Guaidó: Frente al escándalo, el dirigente de Primero Justicia (PJ), Julio Borges, vinculado directamente al esquema de corrupción del gobierno fake en Monómeros, decidió deslindarse y responsabilizar enteramente al ex diputado Juan Guaidó de la situación de la compañía. De esta forma, Borges busca disminuir sus responsabilidades en el desfalco del activo venezolano ubicado en Colombia, al mismo tiempo que intenta reposicionar su perfil desde afuera.

Corriendo hacia adelante: Guaidó, presionado por la opinión pública y por quienes eran sus colaboradores, trató de maquillar la situación anunciado una “auditoría” poco detallada, junto a una “restructuración” escasamente difinida, que en síntesis no abordan los problemas de fondo que originó el asalto de Monómeros. Guillermo Rodríguez Laprea, gerente general de la empresa, habría sido removido luego de que le asignaran el cargo de forma ilegal por el mismo Guaidó hace meses.

Más leña al fuego: Lejos de mitigar las tensiones, las maniobras cosméticas de Guaidó tuvieron un efecto multiplicador. Borges cuestionó los anunciados afirmando que: “De la nada y de una forma totalmente ilegal y mal hecha, Guaidó anuncia que él, unilateralmente, sin que haya ningún tipo de conversación, reestructuró Monómeros antes de investigar. Y eso causó sospecha y la ira de todo el mundo porque lo lógico es investigar”.

Más conflicto: Otros factores también se han involucrado en la confrontación. El ex embajador de Colombia en EE.UU. e insigne figura del uribismo, Francisco “Pacho” Santos, afirmó que Julio Borges debería renunciar a su cargo de coordinador internacional del gobierno fake, y lo acusó de querer “tumbar a Guaidó” y de “cohabitar con Maduro”.
Intereses, solo intereses: La cohesión de los partidos del G4 en torno al “proyecto Guaidó” fue parte de una dinámica de intereses, en buena medida mafiosos, que tenían como nervio central la captura de activos públicos y el acceso a fondos internacionales. Ahora que esa dinámica se ha roto por desequilibrios en la repartición del botín, la ilusión de armonía pierde efecto y emergen otra vez las confrontaciones. Un bucle interminable.

El cálculo de Borges: PJ se incorporó rápidamente al proceso de diálogo en Ciudad de México y lanzó sus mejores piezas a las megaelecciones del 21 de noviembre, aprovechando la parálisis de Leopoldo López y de Juan Guaidó. La apuesta de Borges consiste en acelerar la crisis reputacional de Guaidó, para, de esta forma, sacar de juego a un competidor directo dentro del G4 como Voluntad Popular, permitiéndole a PJ tomar el timón de la oposición después de las elecciones, dependiendo de cómo queden los resultados y las cuotas de poder alcanzadas.

Final abierto: Ya Borges afirmó que no estaba del todo claro si PJ apoyaría la “renovación” del gobierno fake por un año más, lo cual es un despropósito desde el punto de vista legal. Todo apunta a que los cálculos de hoy tiene como destino las elecciones presidenciales del año 2024, donde PJ busca imponerse nuevamente.

ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

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