El teletrabajo parece estar trayendo más consecuencias negativas que positivas. (Foto: Archivo)

La pandemia y los efectos de la subyugación digital

La caída de las principales redes sociales de mayor consumo y tráfico digital a nivel mundial evidenció un signo de caos en gran parte de la población que ha construido dependencia financiera, emocional y psicológica dentro de las “comunidades” que rigen el funcionamiento de las mismas.

Pero este blackout también puso de manifiesto un comportamiento que el filósofo Byung-Chul Han describe en su ensayo ‘La sociedad del cansancio’ cómo la explotación sin autoridad: un sujeto forzado a rendir y a explotarse a sí mismo para lograr estándares dentro de la sociedad neoliberal de rendimiento.

La clave: Con la pandemia por covid-19 las condiciones globales laborales dieron un giro inesperado, el teletrabajo se convirtió en la forma de sostener empleos a distancia sin tener que exponerse al virus pero aceleró otras enfermedades silenciosas relacionadas a la falta de contacto social que son determinantes para la salud mental.

Byung-Chul Han analiza esta clave y destaca que “también el teletrabajo cansa, incluso más que el trabajo en la oficina. Causa tanta fatiga, sobre todo porque carece de rituales y estructuras temporales fijas. Es agotador el teletrabajo en solitario, pasar el día en pijama sentado delante del ordenador, la falta de abrazos y de contacto corporal con los demás.

Videodismorfia: Otro componente del teletrabajo que está causando estragos en la autopercepción son las videoconferencias; ese constante mirarse en una pantalla que termina convirtiéndose en un espejo y obliga a una especie de confrontación constante con el propio rostro. El filósofo alemán de origen coreano también ha reflexionado al respecto y ha alertado sobre las posibles consecuencias de esta práctica:

“El espejo digital hace que la gente caiga en una dismorfia, es decir, que preste una atención exagerada a posibles defectos en su aspecto corporal. El virus radicaliza el delirio de optimización, que ya antes de la pandemia nos ponía frenéticos. También en esto el virus es el espejo de nuestra sociedad, y en el caso de la videodismorfia no solo en sentido metafórico, sino en el sentido más literal: un espejo que hace que nos desesperemos aún más por el propio aspecto. También la videodismorfia nos fatiga mucho. Es un fenómeno derivado de la distopía digital”.

Por qué es importante: La comunicación digital es en la actualidad inherente a las rutinas diarias, la información o el contacto con otras personas, al depender esencialmente de teléfonos móviles o computadoras, cercena la expresión de sentimientos o emociones, la pandemia también ha estandarizado este tipo de comunicación que termina reduciendo comportamientos que se asimilan corporalmente.

A decir de Byung-Chul Han, “nos resulta agotador que falte la mirada del otro. Ojalá la pandemia nos haga darnos cuenta de que ya la mera presencia corporal del otro tiene algo que nos hace sentir felices, de que el lenguaje implica una experiencia corporal, de que un diálogo logrado presupone un cuerpo, de que somos seres corpóreos”.

En una entrevista reciente para El País de España, Byung-Chul Han fue interrogado: ¿En el mundo del hiperconsumo y pérdida de lazos, ¿por qué es importante tener “cosas queridas” y establecer rituales? A lo que respondió: “Las cosas son los apoyos que dan tranquilidad en la vida. Hoy en día están en conjunto oscurecidas por las informaciones. Las informaciones son todo lo contrario a los apoyos que dan tranquilidad a la vida. Viven del estímulo de la sorpresa. Nos sumergen en un torbellino de actualidad. También los rituales, como arquitecturas temporales, dan estabilidad a la vida. La pandemia ha destruido estas estructuras temporales. Piense en el teletrabajo. Cuando el tiempo pierde su estructura nos empieza a afectar la depresión”.

ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

© Copyright. Todos los derechos reservados.