Un cartel de protesta sobre los daños generados por Facebook en niñas y niños. (Foto: Medios / Archivo)

Facebook y los daños de las nuevas tecnologías

Facebook es noticia por la renovación de imagen y cambio de nombre de la plataforma que soporta otras grandes redes sociales como Instagram y WhatsApp, sin embargo, los escándalos recientes no parecen diluirse. Las estrategias de publicidad y mercadeo no están sirviendo para que el gobierno estadounidense deje de fijar su mirada en Sillicon Valley.

Los datos: Según un portavoz de la compañía, Facebook ha invertido un total de US$ 13.000 millones desde 2016 para mejorar la seguridad de sus plataformas. En comparación, los ingresos anuales superaron los US$ 85.000 millones el año pasado y sus ganancias alcanzaron los US$ 29.000 millones.

Escándalos: Frances Haugen, exempleada de la compañía, denunció a principios de este mes “las malas prácticas de la red social” ante el Senado de los Estados Unidos. Haugen acusó a Facebook de causar daños psicológicos y emocionales a los niños y adolescentes con su contenido.

A estas declaraciones se han sumado cientos de documentos bautizados como Facebook Papers. En estos documentos, investigadores externos avisan a la compañía que el propio diseño de la plataforma expande los mensajes tóxicos a la masa adolescente que usa la redes sociales:

  • 81% de los adolescentes emplean Instagram al menos una vez al mes.
  • 77% lo hacen con Snapchat
  • 73% acceden al menos una vez al mes a TikTok.
  • Y Facebook está registrando el más bajo porcentaje de su historia: un 27%.

Pero esta cifra alcanza solo a la población juvenil que aún no participa en procesos políticos de gran importancia, a su cooptación está dirigida la reestructuración visual y conceptual de Facebook, sin embargo, la masa millennials sigue siendo la fuerza motriz de la red social y es ahí donde funciona un negocio impulsado por la publicidad que avanza con fuerza.

Por qué es importante: Aunque pareciera que el problema de Facebook apunta a la seguridad de los datos y su falta de preocupación por lo que ocurre dentro de su red social, lo cierto es que hablamos de una corporación de miles de millones de dólares que controla en gran medida la distribución de información a nivel global, su poder dentro de las empresas de la comunicación se vio reflejada cuando de forma unilateral deciden cerrar las cuentas del entonces presidente de los EE.UU., Donald Trump, un hecho sin precedentes calificado como violación a la libertad de expresión del mandatario y una clara acción de censura.

En septiembre de este mismo año destacábamos desde el Instituto Samuel Robinson: “La relación entre los gigantes tecnológicos de Silicon Valley y las estructuras de poder estadounidense han estado marcadas por una conflictividad en ascenso. Los jefes de estas corporaciones han cuestionado abiertamente las políticas Trump, contrariando su manejo de la pandemia y sus ‘campañas de desinformación’, golpes que han sido devueltos con citaciones al Congreso”.

La importancia de las filtraciones sobre los problemas de seguridad en Facebook se diluyen cuando se evidencia el gran poder corporativo de este monopolio -que al parecer no se congració con la Administración Biden luego de la afrenta a Trump- frente a otras empresas de la comunicación que han representado y propagandizado las mieles del neoliberalismo.

El problema de Facebook no yace solo en el uso de datos personales o su gestión sobre las fake news, el problema es que el paraguas que arropa plataformas de propaganda e información sigue representando un peligro para las autoridades estadounidenses y el poder establecido, quienes continúan considerando un gran monopolio el Universo Zuckerberg y deben encontrar la forma de frenarlo.

De manera que estamos ante la “maduración de una oligarquía supranacional y tecnocrática que ya se siente lo suficientemente preparada como para impugnar el dominio del Estado y sustituir sus principales áreas de acción, tales como el arbitraje de la conflictividad política y la configuración de derechos y obligaciones ciudadanas”.

ASOCIADO
Instituto Samuel Robinson para el pensamiento original.
Caracas. República Bolivariana de Venezuela. 2021.

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